jueves, 30 de marzo de 2017

CHEATAHS. "Mythologies" (2015)


Con una mirada puesta en el shoegazing que tanto añoramos de bandas tan inolvidables como Ride, My Bloody Valentine  o Curve, y con otra en el britpop, así prepararon los londinenses su segunda embestida en forma de album con este sustancial "Mythologies".

Aquí hay chicha, hay feedback, hay torrentes de emoción, como en "Channel view" y su pop de seda aderezado con una melodía sulfurusa, eléctricos a mas no poder, sumergidos en unas barrica que destila los mejores alcoholes de los 90, cuando grupos Swevedriver nos hacían volar, sin paracaídas, sin miedo a la hecatombe total.

En "In flux", parece que estemos viajando en el tiempo y que nos topemos con una versión ácida de The Psychedelic Furs. Uno de los mejores momentos, más potentes y embriagadores del disco, es ese torrencial sónoro que es "Freak waves", noise pop que hace retumbar las paredes, agitación y juventud arisca en un maremoto de lava y luminiscencia etérea.

Todo el disco esta repleto de guiños, de evocación, de sueños salvíficos, de melodías para retar, ("Sings to Lorelei"), y de hondas evocaciones a los Sonic Youth más planeadores ("Hey, sen"). Alaridos de distorsiones en "Deli Rome", y caos por doquier en la estrambótica y espacial "Colorado", para continuar con la redondez de un disco que te sumerge en las aguas fecundas de la agitación del shoegazing más excelso. Puro vicio.

La casi hora del cd pasa sin apenas darte cuenta, y los aderezos de britpop como "Seven sisters" o "Mysteci" hacen que estemos ante una obra suculenta, altamente disfrutable, necesaria para elevar la voz del volumen, y recuperar toda nuestra afición a esa camada de jovenes aviadores del sonido que tuvieron en el shoegazing su bastión y su lucha.

martes, 28 de marzo de 2017

LOS PLANETAS. "Zona temporalmente autónoma" (2017)


El día 24 de marzó salió a la venta el último trabajo de Los Planetas. El día 24 llegó a casa volando desde connatos siderales, con sus palmeras difuminadas, con ese verde indagador penetrando en el campo visual, llamada morse de colores que incitan a buscar.

Nada más que se fue el mensajero, lo tuve fácil. Quitar el plástico, ponerme cómodo y dejarme llevar. Y nada más empezar, una de las mejores canciones de la historia de Los Planetas, "Islamabad", siete minutos que se pasan raudos, himno desolador, llamada dolorosa, éxtasis que te atrapa con su imaginativo fragor.

No abandona J y sus compinches sus aires del sur, fogata en el desamparo, con la voz de Soleá Morente en "Una cruz a cuestas" y en "Soleá" con un vigoroso organo que lleva todo el peso de una procesión de palabras arrastradas.

Momentos estelares hay muchos en el disco. Me gusta "Seguiriya de los 107 faunos", por esas explosiones que nacen al azar de electricidad y que se pierden en el relato de J., casi post rock desde el señuelo de un quejío. Vigorosa y estupenda, solemne y delicada.

Después de 7 años, el grupo sigue en forma. Nuevos caminos que se abren, nuevos remolinos para soplar. También han sido lo suficientemente inteligentes para introducir canciones de toda la vida del orbe planetario, ("Hierro y níquel", "Porque  me lo digas tú" o "Ijtihad"), canciones de esas que se graban rápido en el tarareo, como ocurrió cuando los conocimos y fueron desde el principio unos fieles compañeros de viaje de nuestras tragedias cotidianas, de los furores impetuosos, clamor del existir.

Subyace en todo el lp un poso de guerrilla, de lucha, de que es un deber no permanecer callado ante los pésimos tiempos que estamos viviendo ("Libertad para el solitario", "Guitarra roja"). "La Gitana" basada en un poema del "hombre más malvado del mundo", el esotérico Aleister Crowley, es otra concatenación de agasajos planetarios.

La Bien Querida aparece en "Espiritu Olímpico", otro single más para acompañar resquemores, patinajes del amor, y la que titula el disco un paso más para afianzar a los granadinos en lo más alto de nuestras bandas preferidas.

"Zona temporalmente autónoma" es un disco al que hay darle tiempo. Cada escucha, un montón de sensaciones para dormir rocíos, para elevar recuerdos, noctámbulos en dichos que van y vienen, en versos que se antojan licenciaturas ("Amanecer") o en delicadezas acústicas para después de un adios descortés ("Hay una estrella").

7 años. Parece mentira el paso de los años, los tachones en el calendario, el amago del tiempo en el destierro de nuestros recuerdos. 7 años y de nuevo el orbe que se ha llenado de una luminiscencia particular, de un festejo estelar que nos trae el eco colosal de mundos por descubrir.

domingo, 26 de marzo de 2017

PAN AMERICAN. "For waiting for chasing" (2006)


Labradford fueron unos de esos grupos pioneros que con sus engranajes musicales instrumentales, estuvieron en la primera andanada de bandas de post-rock. Su lider, Mark Nelson, después de agotar sus reflexiones oníricas, sus arpegios de banda sonora de silencios siempre profundos, formó Pan American.

El sonido de Pan American, sigue la estela de Labradford, (sus dos primeras canciones "Love song" y "Are you ready" son profundos e intrigantes galimatías donde se juega al ambient y al post rock, a tu la llevas mientras se producen tormentas de arenas o serenatas de susurros).

El minimalismo y los aires abstractos aparecen por doquier en un disco repleto de suspense, de nieblas agitadoras, de lienzos que se pintan con el confeti de una instrumentación que mece artilugios, que se escora al margen de lo fácil ("Dr. Christian").

Más cerca de Gastr del sol o Tarantel, que otros experimentos más accesibles (Rachel's, Moonsahke,etc) Pan American se sumergen en los difícil para atraernos con sus membranas de dolor ("From here).

El grupo tuvo una vida más o menos larga en su predisposición para alargar de forma premeditada sus coordenadas de banda de introspecciones malsanas, ( su primer disco data de 1998 y su ultima producción fue en el 2013, "Cloud room, glass room"), y este disco es una manera ideal para acercarse a sus glóbulos de oscuridad, a su percepción del post rock como estilo ortodoxo donde rendir cuenta a las disgresiones instrumentales y a los soliloquios excesivos.


jueves, 23 de marzo de 2017

CARMEN VILLAIN. "Sleeper" (2013)


Carmen Maria Hillestad lo tenía fácil. Se ganaba la vida paseando trajes, vestidos, como modelo de pasarela. La noruega-mexicana era una asidua visitante de las más importantes ciudades de moda. Pero Carmen Maria, parece que estaba un poco hasta los mismisimos de tanto tacón y hipocresia.

Se cambió el apellido, ahora Villain, formó una banda, y construyó "Sleeper", una de las mejores aproximaciones que se ha hecho jamás al espíritu de Sonic Youth, desde una vertiente oscura, densa, rutilante.

Bastan las dos primeras piezas, "Two towns" y "Easy", para comprobar que Carmen va en serio, que lo suyo  va directo al hígado, que su fortaleza musical es todo músculo, energía que te hechiza, parones de tensión galvánica mientras el torrente de su fuerza te sacude y te mece a la vez.

Adios a Vogue y a sus artificios y hola a las revistas indies que se fijaron en ella, en su amenazante propuesta ("Lifeissin" casi parece no wave). Todo "Sleeper" conlleva elevar el volumen, compartir su grave voz con un buen artificio de colores que hagan deblaces en cielos demasiados claros.

La más extrema del disco es "Obedience" puro caos instrumental que se da el lujo de dar la señal de salida a "Made a shell", épica de la insolación instrumental, garganta ceñida a un grito contenido, balada devoradora para despertar estrellas malsanas.

En "How much", entre palmadas y aullidos juega con nosotros al escondite, para en "Dreamo" componer otro de los espacios físicos fuerte de un rugoso cd donde descansan pilares básicos para comprender la urgencia devastadora de una artista que en "Kingwoman", hace el mejor homenaje posible a las juventudes sónicas con una eléctrica y desasosegante reflexión de buen ruido.

Para terminar, "Demon lover" un fascinante reflexión medio acústica medio feddback para confirmar que Carmen Villain no ha venido para perderse en sofismas. Desde "Sleeper" solo hemos sabido de ella por un single en 2015. Esperemos que no vuelva a la Moda. Confiemos en ello.



martes, 21 de marzo de 2017

ENRIC MONTEFUSCO. "Meridiana" (2016)


No ha podido ser mejor el paso que ha dado Enric Montefusco tras decir adios con Standstill y su recomendable despedida, el directo, "Estaria muy bien". "Meridiana" es canción de autor, con el corazón encima de la mesa donde las flores esperan un bocado de rocío, o una mirada fugaz.

Y como la portada del lp, el disco es una homenaje (entre otras muchas cosas) a la vida de barrio, como la canción que titula el trabajo, nombre de la avenida donde Montefusco se crió, donde vió la transformación de las cosas, la vejez en los seres y en los enseres. La piel de gallina que se le pone a uno.

Cualquiera se puede ver representado en "Meridiano", en estas postales llenas de lírica del ayer como el himno "Todo para todos", donde los osos y las estrellas vienen desde el hogar de los recuerdos, donde parece que se mete todo lo que tiende al olvido definitivo.

El single por el que nos puso Enric en antecedentes, "Flauta man", le tengo en la cabeza desde hace días, como una percusión que aguijonea mis sesos, repitiendo afluentes, disparos de cine, hecatombe del ayer, sonrisas de un país ya lejano que aquí amanece con estrofas que te llenan de emoción y cierre de ojos.

"Buenas noches", ya algo más creciditos, cuando empezaban a sonar las guitarras,  da la voz a la maravillosa "Uno de los nuestros", oscura y lenta, como un epitafio de pinzas en la ropa oreada de las cosas que parecen que siempre permanecen, pero que llevan consigo su propio castigo. El de la condena de la perdida, rotura de promesas. "El Riu de l'obrit" en catalán con su aire de chanson es para bailar noctámbulo, y los dos minutos de "Vida plena", la recordaré por su "yo no sé hacer un soneto pero me cago en tu puta madre", de esas frases que permanecen, que definen un álbum, a un creador portentoso.

Mi favorita, "Lo poco que sé", con el piano y la cola de las palabras, con una tristeza infinita repartida por una canción que perdura, que tiene vida propia, que te la pones mil veces, y sigue haciendo su trabajo de rabia y conmoción. Luego, al final, la bossa de "Adiós" y "Yo delego en ti", frenesí contenido, perfecta manera de corear colores de otro tiempos pasados, o los que tienen que venir.

Soberbio trabajo de un cantacorazones, de un actor de filigranas que le gusta bailar en el andamio de las andanadas anímicas. Disfrute para la alergias primaverales, para las melancolías sin estación.


domingo, 19 de marzo de 2017

RED HOUSE PAINTERS. "Down colorful hill" (1992)


Con este disco empezó todo. 1992, Mark Kozelek se reunió con sus chicos y formó este club de tristes chicos pintores de casas rojas, profesionales del  folk aterciopelado, de las canciones que se escuchan para reconfortar tu tristeza mientras la noche aciaga sacude sus alas en los días que el sol se quiere hacer fuerte.

"Down colour hill", fue el primer disco, en plena época de Pixies, Dinosaur jr o Nirvana, la banda de Kozelek disfrutaba de su momento de fortuna viviendo en colores sepias añejos, blanco y negro adulterado por las sombras de la tristeza, caligrafias infinitas de luces oscuras, partos de noches funestas. Así empieza "24", con su nostalgia que inunda salones y flores viejas.

4ad les prestó las llaves de una mansión poblada de fantasmas, duendes tiernos y rumores de esos que hacen pensar en pasados mejores,  en lutos de blanco ("Medicine bottle"). Jerry Vessel y Gordon Mack acompañan a Mark es su constante lucha por las bajas pasiones, por los olores a tierra quemada.

La que titula el disco, una de las mejores canciones de toda la efímera carrera de Red House Painters, son 10 minutos de lujuria íntima, de slowcore de golondrinas para lavarte la cara en mañanas demasiado desprovistas de alegría como para festejar las luces de los buenos días.

Luego "Japanese to english" pone de nuevo el sello en la epica del desencanto. Como "Lord kill the pain" y esos arreones guitarreros que parecen no casar con el estado en coma en el que el grupo se movía a la perfección.

Para terminar "Michael", el punto y final, la sexta canción que empieza acústica y repleta de añoranza. El primer disco, el primero que me compre, luego vendría el resto, y luego Sun Kil Moon, y luego la obra en solitario de Mark. Es lo que tiene ser un aficionado a la tristeza. Que hagas lo que hagas, siempre acabas disfrutando con los tonos tenues de discos como éste...


jueves, 16 de marzo de 2017

PLACEBO. "A place for us to dream" (2016)


20 años en la brecha. Hay queda eso. Y encima con orgullo de haberse forjado una entidad propia, una sello característico que les diferencia de todos. Placebo, 20 años, y como regalo para los que los seguimos desde que empezaron, nos sacan "A place for us to dream", 36 temas, los que nunca olvidarás, alguno que no reconocerás, y todos buenos, una ración de guitarras que se inflaman y queman, con Brian y Osldal haciendo de bufones en la corte de las cosas imposibles.

Es una pasada volver a oir "Slave to the wage" y levantarte de la silla cuando la guitarra se hace aullido y Molko y sus chicos confeccionan himnos para componer recopilaciones de canciones para enarbolan y escupir a la tormenta, para amar los riesgos.

Michel Stipe, en "Broken promise", presta su voz para otras de esas melodías que provocan llagas, distorsión y drama, glam y peluquería de corazón. Soberbios, punks ("Bruise pristine"), ágiles depredadores de melodías y desacato ("This picture"), el disco recorre desde sus inicios hasta su ultimo largo del 2013, "Loud like love", así como una canción nueva, "Jesus'son", que promete Placebo para rato.

Paso la semana jugando a la oca con los dos cds, con las 36 maneras que tienen de auparme, de botar, de festejar ese perfecto estado musical que crean con sus coordenadas de rabia y desparpajo, de lirica estrangulada al asalto de todo, de todos.

"Every you every me", "Without you i'm nothing" (con Bowie, joder vaya punto), "Nancy Boy"... Es como una colección de cromos que no se agotan que cada ves que los revisas percibes tonos, urgencias que pensabas que se te habían pasado. Todo un festín, una regalo para hacerte sonreír. Hasta les va viene el francés, en "Protége moi", chanson charlatana, electrocutada por un grupo que siempre supo definirse, con un espíritu propio y a quienes nadie se ha podido siquiera aproximar.

Cuando suena "Black-eyed" tengo que dejar el artículo. subo el volumen y me sumo en una catarsis insólita, todo se mueve al cerrar los ojos, las ventanas se dilatan mientras las guitarras escavan feedback avasallador. De los mejores temas que grabaron en su carrera.

Brillante también "I know", versión 2008, delicada, sensual, atrapa rocío en un festín de fuerzas y aguaceros de guitarra chiquilla. Labios pintados, cara blanca, luces ámbar, la noche pereza, los mismo hits que uno a uno se repetian en los oídos cuando caminaban hace mas de 10 o 15 años por montañas y rues afectadas. La música tiene sentido, el arte de la impregnación, la seguridad de asistir a un tráfico de sensaciones que no se agotan, que van y vienen por el minutaje de un disco pensado con aires de eternidad.

Otro torpedo, "Special K", otro certero disparo, granada en mano de pólvora multicolor, sed infinita, lobos descarriados en busca de algo de luz. "A place for us to dream", una manera perfecta para que no olvidemos a unos grandes que aun tienen mucho que decir.