Buscando canciones, sensaciones pasadas, escarbando en surcos de vinilos, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría

viernes, 30 de septiembre de 2016

HUM. "You'd prefer an astronaut" (1995)


Los 90. La mejor época musical que he conocido. Había tanto y tan bueno, que es normal que se escabullesen grupos, que escapasen al ánimo depredador de los voraces cazadores de experiencias. Hum, banda norteamericana, es uno de esos combos que se extraviaron en la catarsis del ruido que a todos nos inundó.

Este tercer disco logró vender 250.000 copias. Hay queda eso. Y su discurso es claro desde que suena la demoledora y emotiva "Little dipper" o la casi grunge, "The Pod". Tocan todos los palos, y siempre bien. Llegan y se quedan con el emocore en "Stars",  o fabrican pildoras de esas afectivas para los malos ratos, para el tiempo de la desmemoria, ("Suicide machine).

Hum solo sacaron cuatros discos, en 1998 chaparon su tienda de sonidos para rendir cuenta al pasado con actitud de rock medicinal. Y oyendo temas como "I'd like your hair long" te das cuenta de la serenidad furiosa de su propuesta, de ese enjambre nervioso que destilan cuando convierten los temas en alegatos de una época que nunca volverá.

He disfrutado mucho la escucha de este disco. Temas como "I hate it too" con su delicadeza para nada impostada o el final con "Songs of farewall and departure", resumen a la perfección la maestria de un grupo salido de un volcán que nos quemó las entrañas y los oídos en unos años fértiles para hacer amigos, conocer el exceso, amaestrar la rabia, y buscar en tiendas de discos nuevos compañeros de viajes a Pixies, Sonic Youth o Dinosaur Jr. Hum, una necesaria recuperación.



martes, 27 de septiembre de 2016

JEFF BUCKLEY. "You and I" (2016)


Escuchando "You and I" parece como si el Mississippi que se tragó a Buckley aún tuviera en el eco de sus olas todas el arte de este maravilloso músico que un buen día dejó su ropas en las orillas del río para decir un adiós definitivo.

Aunque pueda sonar a una operación de marketing, cada vez que sale al mercado un nuevo trabajo del finado (y van ya....), no hay que perderse la ocasión para escuchar el tesoro que dejó guardado el de la voz doliente. Esta vez es un disco de versiones a pelo con su guitarra. Para que más.

Suena "Just like a woman" de Bob Dylan, y te entran ganas de llorar. Vaya derroche de voz, vaya forma de emocionarnos con ese leve tinteneo de cuerdas-dedos, con esa expectación que creaba cada vez que cantaba. Sí, lo mismo el Mississippi quiere que no perdamos la ocasión de extraviarnos en la garganta del hijo pródigo.

"Everyday people" de Sly Stone, tira por el soul, y en "Don't let the sun catch you crin" de Joe Greene, Buckley suena más blues que nunca. Luego vienen las reinterpretaciones de su cancionero, donde "Grace" suena apabullante, desbordante de sensoriales mecanismo de goce. Para flipar.

Más lágrimas con "Calling you" de Bob Telson, delicada y extrema, y en "The boy with the thorn in his side" guiña un ojo a sus queridos The Smiths. Imagino que Morrissey se sentirá superado cuando escuche este cohete espacial en forma de andanada lírica. Sin palabras.

Para el final el apoteosis total con "Night flight" de Led Zeppelin, y la mejor del lote para el servidor, "I know it's over", también de The Smiths. Cualquier expresión se queda corta para calificar este pedazo de aullido, este colapso de pop en vena de flores siempre mustias.

Creo que todas las criaturas que habitan el río donde desapareció ya se han acostumbrados a estas tonalidades musicales. Silban cuando viene la noche, saltan las truchas cuando encuentran su amor, pesca el pescador alguna botella perdida de algún marinero extraviado en los ramales de la tragedia. Buckley, siempre Buckley.


domingo, 25 de septiembre de 2016

THE BELLRAYS. "Black lightning" (2011)


Mi primera aproximación musical al universo musical de The Bellrays, no ha podido ser más satisfactoria. Ya me habían comentado que la banda de Lisa Kekaula, se lo montaba de puta madre uniendo en sus discos el soul y el punk. Bueno, pues sí, eso es lo que te encuentras en este rayo negro que te llama a la rebelión y al baile.

Desde la pasada soul de "Sun comes down", negra hasta en los coros, hasta en los alfileres de los vientos que salen a pasear brillantina, pasando por la que titula el cd o "Hell on earth", todo es exceso rockista, guitarras aceleradas, sudor y pelos afro.

"On top" suena como si Tina Turner se hubiera colocado hasta perder el control y "Anymore" es un baladón de esos que sueltan bilis, que llaman a la insurección. El rayo que no cesa, la mar que no se esconde.

El inicio de "Power to burn" parece de Sex Pistols, para dar paso después al trallazo rítmico de "Everybody get up". Luego llegan para el final la potente y ardiente "Close your eyes" y la más tradicional "The way". Soul, punk, rock, todo en una misma coctelera, todo para gozar, bailar y tensar tus músculos. The Bellrays, la tormenta perfecta.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

ESPERANZA SPALDING. "Emily's D+Evolution" (2016)


Ostias con la marcha que tiene esta contrabajista que se ha llevado mil y un aplausos de prensa y músicos por igual. Con un pie en el jazz, y otro en diversas formas de rock, Spalding, ha conseguido con este su último disco posicionarse en un lugar ideal para esparcir a su voluntad sus volutas de ondas dulcemente traviesas.

La roquera "Good lava" y la melosa "Unconditional love", son las primeras marcas en este mapa musical poblado de incidencias donde compartir efusión y dinamismo, racimos de polución interna y caos irradiador de luces enfermas.

Este quinto trabajo es un festival de frondosas luminarias inmaculadas, donde la canandiense juego al r&b, con "Judas", para después darle un sopapo en toda la cara a la ya aburrida PJ Harvey cuando suena la energética "Earth to heaven". Vale, puede que halla veces que pueda rozar el mainstream, ("One"), pero cuando te pones cosas como "Rest in pleasure", todo la perdonas, con ese suave galimatías instrumental jazz que abarca y perfora estilos y edades del ayer y hoy.

"Ebony and Ivy" es zappiana, inquieta, juguetona, circular, años setenta con aires de ahora, poderosa y graciosa, voces que se derraman, latidos tolerantes de amaneceres.En "Noble nobbles" vuelve apostar por las guitarras, y en "Elevate or operate" casi parecen un grupo de post rock sinfónico.

Un poco de marcha rutilante con "Funk the fear", para acabar con el piano en "I want it now". Todo un acierto de principio a fin, lo que ha conseguido esta muchacha con su desparpajo y su ritmo de pulsión total. Para recibir como se merece al otoño que ya está entre nosotros.


lunes, 19 de septiembre de 2016

FANFARE CIOCARLIA. "Iag bari" (2001)


"Iag bari" fue el tercer disco de esta banda de zíngaros rumanos (12 miembros ni más ni menos), que llevan ya una larga trayectoria, repartiendo en romaní sus ganas de fiesta, de identificación a su comunidad, con sus tubas, clarinetes, saxofones, trompas, batería y demas armas para jaleo dar.

Este cd, como todos los suyos son una continua llamada a la alegria, ("Doina" o la que titula el álbum para abrir boca), donde todos los músicos parecen danzar de ebriedad mientras suenan sus continuas llamadas a la revolución del alma ("Dusty road").

Y bien completito que les quedó su trabajo. Hasta El Misterio de las Voces Búlgaras prestan su mágia élfica en canciones como "Lune, lune". Canallas y bravucones se ponen en "Jocul Boldenilor" y hasta parece un grupo de ska gitano en "Banatzeana". Todo una pasada.

También tienen tiempo para tranquilizar su furia ardorosa, ("Balada lui loan"), y para hacer versiones cachondas que te dejan sin aliento ("Moliendo café"). Si quieren, pueden hacerse un hueco como compositores de música para cine, "Besh o drom" o ser punkies por un día, "Hurichestra".

Todo "Iag bari" es una llamada al exceso, a la borrachera perfecta, a dejarte llevar por una baile desbocador, por un aliento de festín embriagador. "Ginduri de om batrin", es otra llamada a las armas y el epílogo con "Bubamara", otra forma más para expandir con gracia la revolución de los campamentos y la vida nómada. Música sin artificios, historia de un pueblo, los zíngaros y sus vientos, las cadenas rotas, los trombones ardiendo....



sábado, 17 de septiembre de 2016

SYLVIAN CHAUVEAU. "Nocturne impalpable" (2001)


Suena "Blanc", la primera canción de este emocionante segundo disco de este compositor francés, y parece que si cierro los ojos estoy escuchando a Satie, con andanadas de mínimalismo, lírica fabricada al por mayor para poder gozar de la paz de la música tranquila.

Multinstrumentista que lleva desde finales de los 90 sacando gemas para deleitarse, "Nocturne impalpable" es un dulce galimatías de sombras que son amenazas de vientos, ("Radiophonie nº 1"), o romanticismo adornado con flores que nunca se caen de su ramaje primario, ("Doucement, le grain de sa peau").

Chauveau sabe como llenarnos de silencios, como trabajar sus armas mediante el piano, la electrónica mínima y la soberbia captación de nuestra calma mediante esta radiante exposición de ondas musicales elaboradas para nuestra salud interior.

Después de comer, te sientas, pones "Ocre", llamas al otoño, cierras los párpados, y las teclas del piano parecen que fabrican sabanas al por mayor para nuestro necesario descanso interno. Sylvian también sabe construir expositores de arte móvil como "Radiophonie nº2", donde juega con las voces, y con la tecnología sin pasarse demasiado.

Clásico en "Adieu Miséricorde", abrasivo de cariño en "Léger", o compositor de rayos de luces que nunca son amenazas, como en "Le monde intérieur", el disco se desliza con parsimonia, con voluntad de sosiego, arengando la paz de los ojos que ya no se acuerdan la última vez que se vieron llorar.

Mis preferidas, "Je me suis bâti sur une colonne absente", muy en la onda de Yann Tiersen, y los nueve minutos finales de "Nocturne urbain". Todo un disco pues de clásico moderno. Para gozar, para sentir, para volar.


martes, 13 de septiembre de 2016

CAR SEAT HEADREST. "Teens of dial" (2016)

Después de escuchar con atención el disco del rapaz Will Toledo, me queda claro que estamos ante unos de los rubores más frescos y juveniles que nos han llegado para revitalizar la muchas veces acomodada escena independiente.

Me basta el inicio con "Fill in the blank", para tirar cohetes mientras las guitarras chillan y Will se hace el pope niño de unos recuerdos musicales que vienen todos de los 90. Vitaminas, supuración de pus, urgencia melódica, todo lo tiene Car Seat Headrest.

Y es que "Teens of dial" supera a "Teens of style", por su concreción, porque aqui no hay experimentos que valga. El sonido ha mejorado, la banda compacta, y los temas van naciendo como espumarrones eléctricos de lava. "Vincent" suena a los primeros Pavement, y "Destroyed by hippies powers" es un himno de esos para llevártelo puesto todos los días del año, para alegrarte tristezas, para sentir el frescor de la lejana juventud.

Car Seat Headrest es buen resumen de todo lo bueno que vivimos en esos años. "Not what i needed" es puro cortejo indie rock y "Drunk drivers/killer whales" es una gema de esas que te retuerce los intestinos, power pop con chicles de rosa, tormenta sin paraguas, un delirio que no te puedes perder.

Me gusta ese inicio vacilón con trompeta incluida de "Cosmic hero" y ese aire de silbido de perdedores que da paso a "The Ballad of the Costa Concordia", un arsenal de minutos para no perderte en boutades, para subir el volumen y gozar de estos arenales de gloria efímera.

La casi punk "Connect the dots (the saga of Frank Sinatra) nos lleva al cierre con el minuto raspado de "Joe goes to school", Si, este chico lo tiene claro. Lo suyo no es algo pasajero. Estaremos atentos a sus producciones, esperaremos que las guitarras no dejen de sonar jamás como suenan en este "Teens of denial".