lunes, 26 de junio de 2017

FURSAXA. "Mycorrhizae realm" (2010)


Desde el año 2004, lleva Tara Burke con este proyecto llamado Fursaxa, donde da rienda suelta a sus querencias por la música antigua, por el folk que se desarrolla a traves de sonidos medievales, renacentistas, donde es posible viajar con tan solo cerrar los ojos y verte impregnado por esa ola de conmoción que te produce la escucha de temas como los iniciales "Lunaria exits the blue lodge" o "Poplar moon".

Fursaxa es todo espiritualidad, es psicodelia sin estridencias, son volutas al viento que se disgregan en ácidas concentraciones de éter, donde los instrumentos artesanales arropan al agua en su tránsito por el bosque ("Celosia"), o cuando parece que estemos ante el eco avasallador de esa enorme banda que fue Dead Can Dance ("Well of Tuhala").

El sonido de Fursaxa es una vendaval onírico repleto de sensibilidad, de recurrentes reflexiones que buscan la introspección, el peaje del silencio. Me encanta la estremecedora "Sunhead bowed" con su aires setenteros, hippismo de piedras congeladas por el tiempo, naturalenza silente.

Hasta el titulo del album (mycorrhizae) habla de la asociación simbiótica de una especie de hongo con las raices de una planta huesped; canto a la naturaleza, a los cánones de lo primigenio, a lugares donde es fácil intuir lo efímero de nuestra existencia, la grandiosidad de la creación ("Charlote").

Tara Burke, te pone contra las cuerdas cuando recita su voz parece un laud, su folk apaciguador es una serenata que no se para que es música para el ensueño. Un buen disco para empezar el lunes, para atravesar la estepa de la semana.


viernes, 23 de junio de 2017

HAUSCHKA. "Snowflakes & carwrecks" (2009)


Hauschka es el proyecto del pianista germano Volker Bertlmann, el cual se ha propuesto a traves de su dilatada discografía en poner su granito de arena para que el neoclasicismo reviva, para que la música clásica se vista de modernidad y dejarnos anodadados, rendidos mientras las teclas suenan épica y dulce ostracismo.

Aunque "Snowflakes & carwrecks" tenga recorrido de mini elepe con sus 9 temas, el cuerpo general del trabajo hace que le podemos considerar como otro disco más en una singladura que empezó en el año 2004, y que ha día de hoy continua igual de fertil.

"Ginsterwerg" y "Eisblume" son las dos primeras caricias que te encuentras cuando desempolvas el cd y te pones tranquilo en el sillón esperando los aspavientos de cuerdas y baja densidad que Volker ofrece. Pedaleando poco a poco, caminando hacia confines cerca de tu memoria, explayando su arte para difuminar entre sus notas una buena caligrafría de clasicismo celestial.

En "Wonder" se deja llevar el grupo por la nostalgia de lo efímero, saltando aquí y allá entre brumas de introspección, saludando los días con pañuelos de notas musicales que se explayen y duermen entre mohines de serigrafía del corazón. En "Tanz" son las cuerdas quienes mandan, quienes toman al asalto los minutos para evaporar ruidos, para confabularse en el arte de la dulce desaparición, la más larga del disco, nueve minutos de evasion de jolgorio y atribulados convites de calma.

"Hauberg" es hermosa y bellamente virulenta y para acabar, ""Tagtraum", con el piano como eje principal, acaparador de un zig zag embaucador donde es facil perderse entre notas de espamos y delicadeza. Disco para ronronear, para suavizar el ruido, para fabricar ternura. Silencio.


martes, 20 de junio de 2017

DANIEL LANOIS-ROCCO DE LUCCA. "Goodbye to language" (2016)


Conocido Daniel Lanois por su colaboración con Brian Eno, cuando el ambient salió de los estudios para esparcirse por los salones de la casa con su oxigeno líquido, con sus burbujas acaparadoras, también tuvo tiempo de trabajar con Peter Gabriel o U2. Lanois es un músico que ha sabido tender una red invisible de átomos para soñar.

En este disco se hace acompañar de Rocco de Lucca, que a la guitarra acompaña a Lanois en un viaje hacia la introversión total ("Low sudden" y "Time on" es una buena muestra de ello). Aquí ambos juegan con el pedal steel ejecutando extrañas filigranas que buscan la querencia del sueño acaparador.

Todo el disco es una fábula para ponerte cuando acabas de comer; te sientas mientras el calor arrecia y los susurros de la guitarra se explayan por el salón en ondas de abrazos, en tensión siempre controlada como la colosal "Deconstruction".

Hacen su particular homenaje a Satie en el tema con su nombre, para continuar en una especie de sonido fronterizo sin atisbo de tierras donde arribar. "Three hills" es vibrante y "Heavy sun", tiene texturas de electrónica para en "Later  that night", continuar desfigurando el sonido de las cuerdas de la guitarra con guiños suaves, con potencia delicada.

Para terminar, "Blue diamond", el punto de llegada a un lugar donde es necesario abrir los oídos y el alma, un sitio donde mitigar el cansancio con esporas en los besos. Lanois no defrauda, sigue su investigación del ambient, instrumentando el silencio, acaparando sueños...


domingo, 18 de junio de 2017

GRINDERMAN "Grinderman 2" (2010)


Me encantó el proyecto de Grinderman de Nick Cave. Una manera de dar salida a la bilis salvaje del australiano, de dejarse llevar por la mala baba, por el sudor, por las fauces de lobo que se abren y cierra buscando presas, aullando rock doloroso, blues infernal.

Si "Grinderman" fue bueno, esta segunda parte es mejor. "Micky mouse and the goodbye man" es la mejor manera de empezar este viaje salvaje, fuerza, detonación, esporas en la garganta, blues de la caverna, Cave gritando como un poseso mientras la banda se desgañita en acompañar al sacerdote en su trayectoria vital.

Warren Ellis, de nuevo ejerció de escudero de Cave, y la verdad es que el vino que le pasa es todo un puntazo ("Worm tamer"). "Heathen children" es vitamínica, asfixiante, y ""When my babes comes" ralentiza su paso para mostrarnos a un Cave sesudo, sumido en sus reflexiones mientras el violín se come la canción.

"What it now" es brillante, eficaz, una dulce anfetamina de rock melódico, una rugosa experiencia de luz cegadora, canción que no se acaba, trabajo interior, volutas de whisky, locura cegadora. Total. "Evil", hace honor al demonio, catarsis recordando el pasado de Cave, lujuria a mansalva. También "Kitchenette" conserva ese aroma de guerrilla, de labios golpeados por la incertidumbre del adiós. Tensión, mucha tensión.

Mi preferida, "Palaces of Montezuma", épica, abrasiva, lenta, de esas composiciones de Cave que se te clavan  y no olvidas. El lobo rabioso de la portada quiere amor, Cave le acoge, le mima, para que ejerza de guardián de sus conciertos. Baba, rock sediento, lunas rojas, Australia bourbon.....


viernes, 16 de junio de 2017

CURSIVE. "The ugly organ" (2003)


Sin duda "The ugly organ" fue el mejor trabajo de esta banda de Nebraska, agitadores que eligieron el posthardcore como punto de partida para tocar otros estilos, un valiente itinerario donde es posible perderse en simbióticas danzas de rock febril, con teclados y caos, como "Some red-handed sleight of hand", o en "Art is hard" volcarse en himnos conceptuales donde la melodía te engancha y te atrapa.

Cursive hacen bien los deberes, tejen ordalias que parecen sinfonias de pasividad interior como "The recluse", casi pop orfebre, tentempie mañanero que da a pie a afilados navajazos de posthardcore, "Butcher the song", siempre con la mano tendida a reflexiones y patrones rítmicos que hicieron a la propuesta de Cursive algo tan singular.

En "Drifwood: a fairy tal", con vientos incluidos se envalentonan y continuan su particular viaje por no quedar establecidos en una corriente o estílo siempre predefinido. Lo suyo es picar aquí y allá, centrarse en la confeccion de un artefacto sonoro singular.

Cuando se ponen brutos, "A gentlemen caller", no hay quien les tosa, pero cuando meten a calzador las cuerdas estranguladora de sentimientos, consiguen un mapa emocional que roza el emo, con suspiros que van y vienen, con una buena porción de luminosidad interna ("Sierra").

Acaban el disco con la de más larga duración, los diez minutos de "Staying alive", indagadora, con sus coordenadas puestas en la intensidad, brutal, llaga de guitarras que valientes toman aliento, una suite donde potencian todo su saber instumental en una fulgurante tormenta de vaivenes rítmicos. Colosal.

Las ultimas noticias que tuvimos de ellos fue en el 2012, con el disco "I am gemini". Queda este enorme monumento a la exhuberancia posthardcore, a los patrones declamatorios, a la insurgencia general. Buena banda estos Cursive.


martes, 13 de junio de 2017

THE AFGHAN WHIGS. "In spades" (2017)


Que alegría poder degustar discos como este. Con esa portada parecen una banda de metal extremo. Greg Dulli ha vuelto de nuevo para que no olvidemos los 90, para que nuestra melancolía se llene de espasmos, de soul rugoso, de afectividad nunca impostada. Una canción-introducción, "Birdland" y todo sigue como lo dejaron en el año 2014, en el también muy bueno "Do to the best".

Dully y sus chicos a lo suyo. En los 90 no tuvieron la fortuna de éxito de muchos compañeros de generación, ahora, en el 2017, pueden estar orgullosos de fabricar canciones que son encantamiento ("Arabian heigths"). "In spades", dedicado a su guitarra Dave Rosser, aquejado de cancer, es como toda la obra de The Afghan Whigs, estimable, intensa, repleta de fogosidad y rabia.

"Demon in profile", uno de los puntos álgidos de este notable cd, empieza con piano para rápido colarse un espontáneo riff para hacer bailar la dicha junto a los vientos que suspiran ritmo, ocio para el que escruta y encuentra la belleza de canciones de esas que perduran.

Los autores de trabajos como "Black love" o "Gentlemen" siguen en la cumbre, conspirando con himnos que se silban con los ojos cerrados, como la fenomenal "Toy automatic" y la espeluznante "Oriole".

Las guitarras toman nervios en "Copernicus", melódica, radiante, escenario de proezas íntimas, flores en rama de sueños y sucesos. Como el soul vitamínico de "Light as a feather", un portento con garantías de perdurar como una de las grandes canciones de la discografía de The Afghan Whigs. Estoy sentado y se me mueve todo el cuerpo.

Para terminar, dos piezas frágiles, dolorosas, "I got lost" y "Into the floor", elixir embaucador, la fogosidad de la tormenta, con un final apoteósico en la que cierra el disco, electricidad que carboniza corazones, espasmos y detonación. The Afghan Whigs, un rubor que no se acaba, el arte de los 90 en pura salud eterna.


domingo, 11 de junio de 2017

SANTI IBARRETXE. "Primital Trek" (2017)


Santi Ibarretxe es uno de esos músicos que lleva su profesión en la sangre, que lleva toda la vida dedicado a dar rienda suelta a todo el arte que lleva dentro. Que lejanos los tiempos cuando a finales de los 80 se instaló en Copenague, donde se licenció en el Conservatorio de Música Rítmica. Luego volvió a España donde formo Khatorno, aunque donde es más conocido es en su proyecto como Primital Bros, música a capella para reír y disfrutar.

En la actualidad compagina su proyecto Primital como músico de gira de Ana Belen. En su haber también se encuentra haber realizado música para anuncios, bandas sonoras para películas... Vamos un no parar. Un curriculum de esos para quitarse el sombrero.

"Primital Trek" en su tercer trabajo como Primital, tras "Primital" (2004) y "Primital bells" (2009), y para mí es su mejor mejor disco, valiente, donde las onamotopeyas y su lenguaje personal, nacido de su Babilonia particular, es el eje donde se construye unos de las producciones que más nos puede acordar al genio de Zappa. Acompañado por una elenco de músicos que son el perfecto acompañamiento a los ensueños de Ibarretxe, "Primital Trek" funciona de principio a fin.

Empezar el album con "DMT" y esa ración de rock progresivo que parece salido de una jaula de jilgueros, es la mejor manera para adentrarse en un disco que es puro disfrute. No es de extrañar las comparaciones que se ha hecho de Ibarretxe y sus Primital con Faemino Cansado. Ambos deconstruyen la aburrida realidad, esperan a su Godot particular, unos tirando de surrealismo nihista y el músico vasco elaborando un idioma propio, sinergia para doblegar al aburrimiento.

"Leicros" es un puntazo, rock grandilocuente, épica de opera para el salón de casa. "Todo cura" es tribal, festiva, volantazo de ritmos para soñar espacios siderales de dicha. Luego viene la zappatista "Lang fly", sugerente y emotiva, setentera y locuaz.

"Primital trek" es una batidora de cosas extrañas.Hay veces que es fácil volar cuando encuentras fusión con las voces en guerra a capella ("Tu si moni pasta"),y en otras parecen una especie de duendes burlones haciendo su particular viaje a épocas swing y rock orate ("Pirado daroti").

Hacen su versión particular de la world music en la exhuberante "Amysty Kirindu", ráfagas y radiación, flauta hipnotizadora, jazz de andar por casa. La verdad es que se nota que Santi se lo pasa bien, que disfruta en la elaboración de esta colección de bellas anomalías, como la roquera "New Balana", donde se da un buen festín de épica en un Aor mutante, venido de galaxias lejanas.

Para terminar este divertimento,  cachondeo y risas en "Monopatín". Juego de palabras, reloj frenópatico con horas pasadas de vuelta, una pasada. Primital, Ibarretxe, una propuesta genial que no sigue ningún canon previamente establecido, música sin paracaídas, sensaciones potentes. Zappa se hubiera divertido con esta maravillosa boutade. No hay que perdérselo.


viernes, 9 de junio de 2017

SLOWDIVE. "Slowdive" (2017)


Mal pintan las cosas en el panorama musical actual cuando los ultimos trabajos interesantes que han salido en el mundillo de música independiente, vienen de vacas consagragads de los 90. Guided by Voices, Afghan Wings, Thurston Moore y Slowdive, han sacado recientemente disco, y cualquiera de ellos aporta bastante más que cualquier de las bandas que se quieren hacer un hueco con ese afan tan desmedido de crear repitiendo.

El disco de Slowdive es una bomba.22 años después de su ultimo trabajo, te pones la inicial "Slomo" y parece que se ha detenido el reloj de los momentos. La banda de Neil Hastead y Rachel Goswell, siguen fabricando ternura a raudales, universos de shoegazing acogedor, brumas que van y vienen, versos sueltos que se estiran y estiran, pendientes de un hilo de suavidad y confort ("Star roving" es un rayo que no cesa, volutas inflamadas, radiación torrencial).

Aqui todo es altamante disfrutable. Las canciones que con cariño nos recuerdan a los añorados Cocteau Twins, "Don't know why", o filtraciones de pop de ensueño, carta desde un cielo ambar, canción que se despereza entre un  mohin de arpegios, deslumbrante, vital, arenisca en la cuenca del sentir. Una autentica maravilla.

"Everyone knows", la más shoegazing del lote, la que más juega al escondite con la electricidad, confeccionando una bella corriente de vitores que da paso a mi preferida, "No longer making time", donde es evidente que estos 22 años no han surtido efecto en una grupo que parecer recien salidos del huevo. Todo resulta creible, todo es una amalgama de rugidos tiernos, belleza no impostada, radiante y locuaz.

Para terminar, "Falling Ashes", la mejor manera de terminar este maravilloso retorno, con piano, lentamente subyugados, ración de intensidad interior, canalizar los deseos, cargarse de silencios, apagar las luces, abrir la ventana y sentir que si, que no hay nada como la luz que nos alumbran de nuestros viejos grupos y artistas, los que crecieron con nosotros, los que nunca (o casi) nos defraudarán.




miércoles, 7 de junio de 2017

CHAVEZ. "Ride the fader" (1996)


Pedazo de grupo que fue Chavez. Y que efímera fue su existencia. Dos discos, un recopilatorio y adios. "Ride the fader" fue su segundo trabajo, y la verdad es que desde que empieza a sonar "Top pocket man", y sus melodías repletas de feedback, te das cuenta de lo grandes que eran y de la mala suerte que tuvieron.

Matt Sweeney y sus colegas tejieron un amalgama de sonidos donde primaba la intensidad, donde había referencias a Dinosaur Jr, ("The guard attacks"), a Mission of Burmam o a Guided by Voices por citar sólo algunos de los combos que se te vienen a la cabeza cuando suena este vendaval sónico.

"Rider the fader" es colosal, estremecedor, contundente, uno de los mejores discos de los 90 tardíos. "Unreal is real" con su inicio dubitativo se convierte a los pocos minutos en todo un himno de eterna juventud, airados vientos sónicos que en "New room" se traduce en un volcán de ruido meloso, inyección de electricidad que repta y seduce.

Se acercan al mathrock en "Tight around the jaws" y en "Lions" consiguen hacer del frenesí y la contundencia el eje principal de un discurso donde el indie rock se llena de matices, de fragancias impactantes. Una de las cualidades de Chavez fue la creación de climax donde en un mismo tema cohabitan la devastación eléctrica con cierta inclinación al emo como escuchamos en la rutilante "Our boys will shine tonight".

Cuando se ponen guerreros atruenan,("Cold joys" y "Flight'96" son las dos más bestias del disco), y "You must be stopped" pone el punto final a un disco contundente, eficaz, de una banda que pasa con sobresaliente la prueba del paso del tiempo. Conviene recuperar lo bueno que hemos dejado atras. Que el olvido no campe por sus anchas.



lunes, 5 de junio de 2017

GIANT GIANT SAND. "Tucson" (2012)

Lo reconozco. La música llamada "sonidos fronterizos", no me va mucho. Calexico o Friends of Dean Martinez, por citar algún ejemplo, nunca me llamaron la atención. Las propuestas que más me llega son las que vienen de la mano de Ry Cooder y como no, de Howe Gelb, con sus Giant Sand o cualquiera de sus proyectos.

"Tucson" es una especie de "opera de country rock", de álbum que recorre estilos, que se para en el desierto para después sonar latino, a veces con rubor, otras con estalactitas en forma de balada ("Wind blown waltz"), y otras para glosar maravillas con trompeta al riste ("Forever and a day").

Disco conceptual repleto de lugares donde detenerse, de señales para parar y tomarse un buen trago de propuestas de arena y bailes de salón, como en la demoledora "Lost love". "Undiscovered country" es letalmente retadora, una danza melódica y cruda, donde Gelb hace crooner de desventuras y goznes de corazón.

En "Love comes over you", Brian Lopez toma las manijas para suspirar clasicismo. "Thing like that", vuelve al rodeo, a los disparos de humo imaginado. Y ecos de Tom Waits destila "Mostly wrong", para pasar a la jazzy "Ready or not" con la voz de Lonna Kelley repicando desde un club de corazones sordos.

Sonoridades latinas para espabilar un muerto nos trae "Hard morning in a soft blur" y casi al final de esta gran epopeya que es este magnifico album, la melancólica y decadente"Not to end of the world", cabaretera y espectral.

Si, aunque la musica fronteriza no es lo mío, tengo que quitarme el sombrero ante la majestuosidad de esta obra que embarga, donde Gelb y sus chicos vuelven a atinar, a dar en el clavo.


sábado, 3 de junio de 2017

YO LA TENGO. "Murder in the second degree" (2017)

Pedazo de disco de versiones que se han marcado Yo la Tengo. Casi 80 minutos de disfrute total, bello onanismo de sonido amateur. Como si Ira y compañía se hubieran reunido en un garaje para dar rienda suelta a canciones de toda la vida por su forma tan particular de danzar suspiros.

Es igual por donde inicies el disco, esto está hecho para conmocionarte. "To love somebody" de Bee Gees en plan destartalado, lofi, es una gozada para silbar mientras esperas el trasiego de las horas. A los Stiff Little Fingers les rinden cortesía con la punk "Suspect device", que parece sacada de Londres años 77. Bestial.

Luego hay incursiones en tiempos blues como la canción de J. Geils Band, "First i look at the purse", frenética y brutal. Una de mis favoritas, es la reinterpretación que hacen del "Jailbreak" de Thin Lizzy, joder si hasta la voz parece un símil al del divino guitarrista irlandes. La reostia.

El disco es una continuación de otra recopilación de covers, "Yo la Tengo is murdering the classics", (2006), y como aquél esta grabado en la emisora de radio WFMU. Las 28 pistas del cd son todo un auténtico lujo para los que desde hace 30 años caímos rendidos ante cualquier trabajo de la banda.

Como no flipar ante "Girl from north country" de Bod Dylan, folk catártico, sentimiento al limite, rabia siempre contenida. "Build me up buttercup", un clásico de los 60, una de esas canciones que has escuchado mil veces pero que no sabes de donde viene (The Foundations), es una vacilada colosal. En "Rock and roll love letter" hacen su particular guiño a The Records, pura new wave actualizada.

Y como iban a faltar los Rolling Stones en esta selección. Aquí trastocan "Emotional rescue" sin que ésta pierda la provocación de la original. El punk llega con el cover de Bad Brains, "Pay to cum" y el pelotazo de The Kinks "King Kong". Esto es un volcán sin fin, una maravilla para ponertelo una y otra vez.

No hay canción mala, no hay disparates, todo tiene su lógica, todo cuadra a la perfección en la forma que siempre han tenido Yo la tengo de hipnotizarnos con su delicadeza y su rabia. "Be my babe" de The Ronettes, es como volver a ser joven, un caramelo ponzoñoso, una elegía de chicle, la virtud del que sabe que haga lo que haga lo borda.

Hasta se atreven con una versión lofi garagera del "Hey Ya!" de Outkast. Y casi para el final una de las mejores de todo este amplio lote, "Heart of darkness" de los colegas de Pere Ubu. Un disco este "Murder in the second degree" para achicharrar tu amplificador, para gozarlo y repetir, repetir en bucle. Yo la Tengo, como no, banda de los 90. No hay problema de bajón de calidad, aquí hay mucho arte.